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A veces, avanzar también se siente como estar estancada

Hay días en los que luchamos tanto por hacer las cosas bien que, cuando termina el día, en lugar de sentir orgullo por todo lo que hemos hecho, sentimos culpa por todo lo que nos faltó por hacer. Nos culpamos por no avanzar lo suficiente, por no ser todavía quienes soñamos ser, por sentirnos cansadas cuando sabemos que aún tenemos tanto por lograr. Y, en medio de esa lucha silenciosa, olvidamos que también somos humanas, que tenemos límites y que no todos los días podemos con todo. La vida nos pone pruebas, nos enfrenta a nuestros miedos y, a veces, nos obliga a comenzar de nuevo cuando creíamos que ya debíamos estar mucho más lejos. Pero el cambio es real. Aunque todavía no tengamos la vida que imaginamos, aunque nuestros resultados no sean los que esperamos, algo dentro de nosotras ya está cambiando. Nuestra manera de pensar, nuestras decisiones, nuestra capacidad de levantarnos después de caer… todo eso también forma parte de nuestro crecimiento. Entonces, ¿por qué sentimos que no l...

No estoy esperando que mi vida cambie

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  Durante mucho tiempo pensé que para que mi vida cambiara, primero tenían que cambiar las circunstancias. Que necesitaba tener más dinero. Más estabilidad. Más tranquilidad. Más tiempo. Más seguridad. Pero últimamente estoy entendiendo algo diferente. Quizás la primera transformación no ocurre afuera. Quizás comienza dentro de mí. Estoy aprendiendo a cuidar mis pensamientos porque sé que aquello en lo que enfoco mi energía comienza a ocupar más espacio en mi vida. Por eso estoy dejando de decir: “Yo no puedo.” “Todo me sale mal.” “Nunca voy a salir de esto.” Y estoy empezando a decir: “Estoy construyendo una vida diferente.” No porque repetir una frase mágicamente vaya a solucionar mis problemas. Sino porque quiero empezar a pensar como la mujer que estoy intentando convertirme. Quiero atraer abundancia, pero también aprender a administrar lo que tengo. Quiero atraer amor, pero también aprender a darme amor. Quiero atraer paz, pero también dejar de alimentar aquello que constantem...

La mariposa y el mar

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 Siempre me han gustado las mariposas.   Quizás porque, sin saberlo, siempre me vi un poco en ellas. Una mariposa no comienza siendo mariposa. Primero tiene que atravesar un proceso, encerrarse, transformarse y dejar atrás una versión de sí misma. Y creo que la vida también nos hace eso. El mar, en cambio, siempre estuvo ahí. Me enseñó que puedo tener días tranquilos y días de tormenta. Que puedo perderme entre las olas y aun así encontrar el camino de regreso a mí. Tal vez por eso hoy entiendo que la mariposa y el mar tienen algo en común: ambos hablan de transformación. Una cambia sus alas. El otro cambia con cada marea. Y yo… yo también estoy aprendiendo a cambiar sin dejar de ser quien soy. Quizás mi historia siempre estuvo entre dos mundos: las alas que quería encontrar y el mar que siempre supo dónde llevarme.   

La niña que amaba el mar

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  Había una vez una niña que amaba el mar. Desde pequeña podía quedarse durante horas mirando sus olas. Sentía que el océano la entendía de una manera que nadie más podía hacerlo. Cuando estaba triste, buscaba el mar. Cuando tenía miedo, buscaba el mar. Y cuando no encontraba palabras para explicar lo que sentía, simplemente se quedaba frente a él y escuchaba las olas. Quizás porque, en algún lugar de su corazón, aquella niña sentía que el mar también conocía lo que era sentirse solo. La niña creció. Pero hubo una herida que creció con ella. El abandono llegó demasiado pronto a su vida y dejó una pregunta escondida dentro de su corazón: “¿Qué tengo que hacer para que alguien se quede?” Y sin darse cuenta, comenzó a buscar respuestas en los demás. Buscó aprobación. Buscó cariño. Buscó sentirse suficiente. Intentó ser perfecta para que la quisieran. Intentó ser fuerte para que no la abandonaran. Intentó darlo todo para sentir que, esta vez, alguien elegiría quedarse. Pero nunca se di...

Todo comenzó frente al mar

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 Había una vez una mujer que, por mucho tiempo, estuvo tan ocupada intentando sostenerlo todo que dejó de preguntarse cómo se sentía ella. Cada día hacía lo que tenía que hacer. Cumplía, resolvía, cuidaba, trabajaba, seguía adelante. Y desde afuera parecía que todo estaba bien. Pero había una pequeña voz dentro de ella que, cada vez con más fuerza, comenzaba a preguntarle: —¿Esta es realmente la vida que quieres? Al principio decidió ignorarla. Era más fácil seguir con lo conocido que detenerse a mirar todo aquello que ya no se sentía bien. Pero llegó un momento en el que ya no pudo ignorarlo. Comenzó a darse cuenta de que algunos hábitos, algunas decisiones, algunos pensamientos y hasta algunas versiones de ella misma ya no tenían lugar en la mujer que quería convertirse. Y entonces comenzó a soltar. No todo de una vez. Algunas cosas las dejó con valentía. Otras las soltó llorando. Algunas tuvo que soltarlas una y otra vez, porque hay cosas que sabemos que debemos dejar atrás, per...

Las Olas y yo

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  Bienvenida a Alma del Mar. Soy Lidia, mujer, mamá y una persona que está aprendiendo a disfrutar cada etapa de la vida, incluso aquellas que llegan con cambios, desafíos y nuevas oportunidades. Creé Alma del Mar como un espacio para compartir una parte de mi mundo: maternidad, belleza, bienestar, espiritualidad, recetas, experiencias personales y todas esas pequeñas cosas que hacen que la vida sea especial. Para mí, el mar representa libertad, transformación y nuevos comienzos. Hay momentos en los que está tranquilo y otros en los que sus olas son fuertes, pero siempre vuelve a encontrar su equilibrio. Este blog es mi manera de escribir, compartir, aprender y conectar con otras mujeres que, como yo, están recorriendo su propio camino. Gracias por estar aquí.  Bienvenida a mi mundo.  

Las cosas que el mar me ha enseñado

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 Hay algo en el mar que siempre me ha hecho sentir en casa. Quizás porque el mar me recuerda que la vida también tiene sus mareas. Hay días tranquilos, días llenos de movimiento y otros en los que parece que todo se vuelve una tormenta. Con el tiempo he aprendido que no todos los días tienen que ser perfectos. Que también está bien detenerse, respirar y simplemente dejar que las cosas pasen. El mar me ha enseñado que después de una tormenta siempre llega la calma. Que no tenemos que tener todas las respuestas y que empezar de nuevo no significa haber fracasado. También me ha enseñado a disfrutar de las pequeñas cosas: una mañana tranquila, una conversación sincera, una comida preparada con amor, un momento con mi hijo, una oración, una puesta de sol o simplemente unos minutos para mí. Alma del Mar nace un poco de todo eso. De mis experiencias, de lo que estoy aprendiendo, de los momentos bonitos y también de los momentos difíciles. De mi maternidad, mi bienestar, la belleza, ...