La mariposa y el mar

 Siempre me han gustado las mariposas.



 

Quizás porque, sin saberlo, siempre me vi un poco en ellas.

Una mariposa no comienza siendo mariposa. Primero tiene que atravesar un proceso, encerrarse, transformarse y dejar atrás una versión de sí misma.

Y creo que la vida también nos hace eso.

El mar, en cambio, siempre estuvo ahí.

Me enseñó que puedo tener días tranquilos y días de tormenta. Que puedo perderme entre las olas y aun así encontrar el camino de regreso a mí.

Tal vez por eso hoy entiendo que la mariposa y el mar tienen algo en común:

ambos hablan de transformación.

Una cambia sus alas.

El otro cambia con cada marea.

Y yo…

yo también estoy aprendiendo a cambiar sin dejar de ser quien soy.

Quizás mi historia siempre estuvo entre dos mundos:

las alas que quería encontrar y el mar que siempre supo dónde llevarme. 

 


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