Todo comenzó frente al mar

 Había una vez una mujer que, por mucho tiempo, estuvo tan ocupada intentando sostenerlo todo que dejó de preguntarse cómo se sentía ella.

Cada día hacía lo que tenía que hacer. Cumplía, resolvía, cuidaba, trabajaba, seguía adelante.

Y desde afuera parecía que todo estaba bien.

Pero había una pequeña voz dentro de ella que, cada vez con más fuerza, comenzaba a preguntarle:

—¿Esta es realmente la vida que quieres?

Al principio decidió ignorarla.

Era más fácil seguir con lo conocido que detenerse a mirar todo aquello que ya no se sentía bien.

Pero llegó un momento en el que ya no pudo ignorarlo.

Comenzó a darse cuenta de que algunos hábitos, algunas decisiones, algunos pensamientos y hasta algunas versiones de ella misma ya no tenían lugar en la mujer que quería convertirse.

Y entonces comenzó a soltar.

No todo de una vez.

Algunas cosas las dejó con valentía. Otras las soltó llorando. Algunas tuvo que soltarlas una y otra vez, porque hay cosas que sabemos que debemos dejar atrás, pero nuestro corazón tarda un poco más en entenderlo.

Y mientras intentaba reconstruirse, comenzó a buscar un lugar donde pudiera escuchar sus propios pensamientos.

Fue entonces cuando apareció el mar.

O quizá el mar siempre había estado ahí.

Solo que ella finalmente estaba lista para escucharlo.

Se sentaba frente a las olas y no necesitaba respuestas.

Solo necesitaba respirar.

Miraba cómo el agua llegaba a la orilla y después regresaba, una y otra vez.

Y entendió algo:

Que regresar no siempre significa retroceder.

Que algunas veces necesitamos alejarnos para volver a encontrarnos.

Que también nosotros podemos cambiar de forma, atravesar tormentas, rompernos un poco y aun así seguir siendo nosotros.

Con el tiempo, aquel lugar se convirtió en algo más que el mar.

Se convirtió en un refugio.

En el lugar donde podía ser completamente ella.

Sin tener que demostrar nada.

Sin tener que tener todas las respuestas.

Solo ella, sus pensamientos y el sonido de las olas.




Y fue allí, en medio de una de las etapas más vulnerables de su vida, donde comenzó a hacerse una pregunta diferente:

—¿Y si esta vez no se trata de volver a ser quien era?

—¿Y si se trata de descubrir quién puedo llegar a ser?

Y esa pregunta cambió muchas cosas.

Porque desde ese momento ya no comenzó a mirar su vida solamente como algo que tenía que soportar.

Comenzó a verla como algo que podía construir.

Todavía estaba aprendiendo.

Todavía estaba soltando.

Todavía había hábitos que tenía que dejar atrás y partes de ella que necesitaban sanar.

Pero ahora sabía hacia dónde quería caminar.

Y quizá eso era suficiente para comenzar.

Así nació este espacio.

No de una vida perfecta.

Sino de una mujer que decidió volver a encontrarse.

Y esta historia...

apenas comienza.

¿Y qué pasó después?

Eso te lo quiero contar poco a poco.






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