A veces, avanzar también se siente como estar estancada
Hay días en los que luchamos tanto por hacer las cosas bien que, cuando termina el día, en lugar de sentir orgullo por todo lo que hemos hecho, sentimos culpa por todo lo que nos faltó por hacer.
Nos culpamos por no avanzar lo suficiente, por no ser todavía quienes soñamos ser, por sentirnos cansadas cuando sabemos que aún tenemos tanto por lograr. Y, en medio de esa lucha silenciosa, olvidamos que también somos humanas, que tenemos límites y que no todos los días podemos con todo.
La vida nos pone pruebas, nos enfrenta a nuestros miedos y, a veces, nos obliga a comenzar de nuevo cuando creíamos que ya debíamos estar mucho más lejos.
Pero el cambio es real. Aunque todavía no tengamos la vida que imaginamos, aunque nuestros resultados no sean los que esperamos, algo dentro de nosotras ya está cambiando. Nuestra manera de pensar, nuestras decisiones, nuestra capacidad de levantarnos después de caer… todo eso también forma parte de nuestro crecimiento.
Entonces, ¿por qué sentimos que no llegamos a donde queremos ir?
Quizás porque queremos verlo todo tan rápido que no nos detenemos a observar el camino. Queremos resultados inmediatos, respuestas claras y pruebas de que nuestros esfuerzos están funcionando. Nos enfocamos tanto en la distancia que nos separa de nuestros sueños que dejamos de reconocer cuánto hemos avanzado.
Y es que nuestro proceso, incluso ese que parece lento, también está construyendo nuestro futuro. Cada decisión consciente, cada límite que aprendemos a poner, cada día que elegimos no rendirnos y cada error del que sacamos una lección nos está preparando para la vida que deseamos.
Hoy quiero recordarme y recordarte que no necesito castigarme por no estar todavía donde quiero estar. Puedo reconocer mis errores sin convertirme en mi propia enemiga. Puedo querer una vida diferente y, al mismo tiempo, agradecer la mujer que estoy siendo mientras la construyo.
Porque sanar, crecer y cambiar no significa tenerlo todo resuelto. Significa aprender a caminar incluso cuando hay dudas, confiar incluso cuando los resultados tardan y entender que descansar también es parte de avanzar.
Tal vez hoy no estoy donde soñé estar, pero tampoco soy la misma persona que comenzó este camino.
Y eso también merece ser celebrado.
No te apresures tanto por llegar a tu destino que termines olvidando a la persona en la que te estás convirtiendo durante el viaje.
Tu proceso importa. Tu esfuerzo importa. Tú importas, incluso en los días en los que sientes que no estás haciendo suficiente.
Confía. Sigue construyendo. Date permiso para ser humana.
Lo que hoy parece lento también puede estar preparando el terreno para todo lo que mañana florecerá.
En Proverbios 3:5-6 encontramos una invitación a confiar en Dios y buscar su dirección.
Una oración para este momento
Señor, si estoy caminando demasiado deprisa, enséñame a detenerme. Si estoy tomando decisiones desde el miedo, ayúdame a encontrar claridad. Si la culpa no me permite ver cuánto he crecido, enséñame a mirar mi proceso con amor.
No te pido que me muestres todo mi futuro; te pido sabiduría para reconocer el siguiente paso. Ayúdame a distinguir entre lo que deseo, lo que me hace bien y lo que necesito aprender. Que no busque señales por desesperación, sino que encuentre en Ti la fuerza para caminar con fe, paciencia y discernimiento. Amén.
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